Un contexto mundial de enrarecimiento de cebadas cerveceras

La producción global de cebada cervecera experimenta un descenso en el mundo, concentrándose en ciertas regiones geográficas. La cebada se encuentra en competición con otros cereales en un contexto de crecimiento demográfico mundial y aumento de las necesidades cerealistas para alimentar a una población de 9 mil millones de seres humanos en el horizonte de 2050. De aquí a 2050, deberán producirse mil millones de toneladas de granos más al año para satisfacer las necesidades alimentarias.

En este contexto de competición entre especies a la hora de asignar las tierras agrícolas, a pesar de que los rendimientos de la cebada son estables en comparación con los de otros cereales (como el maíz), resulta esencial organizar la disponibilidad de la cebada a largo plazo y aumentar los rendimientos de cultivo de las cebadas cerveceras.

Se ve claramente que el fenómeno de transformación de las superficies de cebada en otros cultivos está en curso puesto que en los 20 últimos años se han perdido 24 millones de hectáreas de cebada, pasando de 73 millones de hectáreas en 1994 a 49 millones de hectáreas en 2014. Este descenso de superficies se traduce, evidentemente, en una menor producción que provoca una restricción en el potencial de cebada disponible entre las cebadas cerveceras.

En paralelo, la demanda de cebada cervecera ha crecido 9 millones de toneladas en este mismo período, pasando de 17 a 26 millones de toneladas anuales.

Asimismo, asistimos a un desequilibrio geográfico entre la oferta y la demanda, puesto que las zonas de gran crecimiento en el consumo de cerveza no se acompañan de un incremento en la producción de cebada en esas mismas regiones.

Por último, los avatares del clima impactan cada vez más en la calidad de las cebadas cerveceras, que siguen siendo un cereal técnico y sensible a las fluctuaciones climáticas.

Por ende, la cadena se halla ante un desafío estratégico: proteger las producciones de cebada cervecera -en cantidad y calidad- a la par que asegurar los flujos de las zonas de producción hacia las zonas de consumo.